Se podría decir que a Amsterdam acuden
dos clases de visitantes bien distintos; por un lado, están
aquellos que vienen buscando cultura, impresionantes museos de
una riqueza inmensa, una arquitectura característica y sin
igual, unas calles que nos hacen trasladarnos a otras épocas..,
y por otro lado hay otro tipo de visitantes que vienen atraídos
por el "lado oscuro" de Amsterdam, por la búsqueda de
lo prohibido, que no de lo obsceno, la búsqueda de un lugar
tolerante y abierto donde el pecado no es pecado, visitantes
ansiosos de coffee shops donde fumar hierba sin tener que
esconderse o escaparates donde deleitar la vista (o el cuerpo)
sin avergonzarse por ello y en medio de una total normalidad.
Finalmente estos dos tipos
de visitantes acaban siendo uno solo, ya que ninguno de ellos
acaba decepcionado, y en Amsterdam aprende a admirar y respetar
aquello que busca el otro tipo de turista e incluso a disfrutar
con ello.
Desde fuera, y antes de
conocer el barrio rojo, se pueden tener dos ideas preconcebidas,
una sería la visión de un lugar para el pecado, algo vergonzoso
y que no debería existir en ningún lugar del mundo, y por contra
para otros suscita un enorme morbo que les atrae y les incita a
acudir allí en busca de emociones diferentes.
Una vez en el barrio
rojo, tanto los primeros como los segundos descubren que no todo
allí es lo que pensaban encontrar, y acaban gratamente
sorprendidos. Los más pudorosos descubren allí algunas de las
calles más bellas de la ciudad, edificios magestuosos y como no,
bellos canales para, desde cualquier barco, disfrutar de la
belleza del conjunto, lo que irremediablemente les llevará a
olvidar la idea preconcebida que tenían sobre el barrio
rojo.
En el Barrio Rojo de Amsterdam
la prostitución se exhibe en los
célebres escaparates
Pese a ser uno de los
barrios más bonitos de Amsterdam, indiscutiblemente lo que le da
fama mundial al barrio rojo, y también a la propia ciudad de
Amsterdam son sus populares y únicos en el mundo escaparates,
donde las prostitutas se exhiben intentando embrujar a los
turistas (y no turistas) ofreciéndoles caer en la tentación.
Curiosamente, la visión de estos escaparates no resulta para nada
vulgar y vergonzosa, sino que resulta totalmente natural una vez
contagiados por la mentalidad abierta y sin prejuicios de
Amsterdam, y desde luego la existencia de estos locales hacen que
el trabajo de las prostitutas sea mucho más "decente",
menos marginal y mucho más seguro que el que realizan en
cualquier otro lugar del mundo, donde se busca ocultarlo y
negarlo, aunque de una forma hipócrita, ya que no se busca
erradicarlo. En Amsterdam está bien claro lo que es y lo que no
es legal, y aquello que es legal se tiene a la vista, y lo que no
lo es simplemente no se consiente, ni a la vista ni tampoco de
manera oculta.
El barrio rojo es,
además, una de las principales zonas de marcha de la capital
holandesa, y en sus calles residen multitud de cafés, pubs y
discotecas que ofrecen fiesta y actuaciones musicales en
directo.
Un
último apunte; Amsterdam es una ciudad en general
bastante segura, Barrio Rojo incluido contra lo que se
pudiera pensar de primeras, pero conviene no
entretenerse demasiado con los mendigos que van
pidiendo, porque si se les "da bola" pueden
llegar a formar un verdadero escándalo en mitad de la
calle.